Setenta y tres segundos después del despegue, el 28 de enero de 1986, el transbordador espacial Challenger se desintegró en el cielo de Florida y se llevó consigo a siete tripulantes, entre ellos la maestra Christa McAuliffe, que iría al espacio para dar clases a los niños del mundo entero. El accidente fue catastrófico y se vio en vivo. El documental no reconstruye el desastre en sí, sino la cadena silenciosa de decisiones organizacionales que convirtieron aquel momento, en la expresión consagrada en los informes oficiales, en un desastre anunciado.
La investigación se conduce sin narración impuesta y sin moralismo fácil, con la postura de quien respeta el oficio de quien escucha. Cruzando archivos de la NASA, de C-SPAN, de la ASCE y de la United Engineering Foundation con testimonios contemporáneos, el documental muestra que los ingenieros de Morton Thiokol ya habían advertido, la noche anterior al lanzamiento, sobre el riesgo de que las juntas tóricas no sellaran bajo el frío extremo. La respuesta de la alta dirección de la contratista fue pedirles que se quitaran el sombrero técnico y se pusieran el sombrero comercial.
Cuatro décadas después, la tragedia del Challenger sigue siendo estudiada porque su causa raíz no fue tecnológica, fue organizacional y cultural. Y es esa cultura la que toda empresa, en cualquier sector, necesita mirar de frente antes de que se cierre la próxima ventana de decisión.